EMOCIONES EN TIEMPOS DIFICILES

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El brote de la pandemia del coronavirus (COVID-19) ha dado lugar en Argentina al cierre de escuelas y negocios, confinamiento familiar, aislamiento y vulnerabilidad económica. Esto puede generar en los ciudadanos diversos efectos en sus emociones.

Por Marina Rovner (*).Hace unos meses, millones de personas en el mundo vivían inmersas en un ritmo intenso de estímulos permanentes que funcionaba como un exoesqueleto. Es decir, estaban sostenidos por una estructura social más o menos conocida que de pronto, desapareció o cambió drásticamente.
Para la mayor parte de nuestros contemporáneos, adecuarse a una nueva realidad no es fácil y las dificultades emocionales que plantea la cuarentena generan consecuencias en la salud mental. Las conductas habituales se han ido modificando o anulando por el brote del virus. Es por esto que se plantean serios desafíos relacionados a cómo asumir los cambios relacionados a actividades, a la pérdida de espacios personales y a la disminución o pérdida del ingreso económico.
En este sentido, las reacciones de estrés más habituales que surgen en la población a raíz de los efectos de la cuarentena son:
Miedo al contagio propio y preocupación por la salud de los seres queridos.
Sensación de incertidumbre e inseguridad por no poder proyectar.
Sensación de impotencia por el aislamiento.
Cambios en los patrones de sueño o alimentación.
Dificultades para dormir o concentrarse.
Agravamiento de problemas de salud crónicos.
Aumento del uso de alcohol, tabaco u otras drogas.
Todas estas reacciones son esperables y adecuadas a la situación que se está atravesando, en tanto no se extremen o excedan.
El sentimiento de desesperación puede aparecer en los casos donde el pensamiento se deja ganar por las fantasías negativas. Esto sucede cuando nuestro cerebro se “contamina” con ideas catastróficas tales como: “No vamos a sobrevivir”, “Nunca más voy a conseguir trabajo”, “Seguro que nos contagiamos”, “Esto no termina más”, “Después de esto, todo va a ser peor”.
Por otro lado, el incremento de angustia puede devenir en crisis de ansiedad provocando diversos síntomas: malestar estomacal, falta de aire, opresión en el pecho, decaimiento, sudoración, palpitaciones, dolor de cabeza.
Sin embargo, cada individuo y grupo social reacciona de diversas maneras frente a la cuarentena. La respuesta va a depender de los antecedentes personales, del momento histórico individual y del tipo de vínculo establecido.
Posibles escenarios de estrés durante la cuarentena:
1) Las familias (con bebes, niños pequeños, adolescentes) que habitualmente poseen rutinas de trabajo, estudio u otras actividades y que conviven en espacios pequeños, ahora se encuentran 24 hs del día y siete días a la semana teniendo que asumir las mismas responsabilidades que antes pero con imposibilidades concretas de acción.
Puede generar: fastidio, disminución de la tolerancia, mayor demanda de cada uno de los integrantes y, en casos extremos, se pueden observar situaciones de violencia. La violencia no se justifica y es imprescindible evitarla.
Se recomienda a los padres brindar tranquilidad, incentivar el diálogo y ampliar los temas de comunicación para llegar a entendimientos, respetando puntos de vista y necesidades de los demás.
2) Quienes viven solos y antes solían tener múltiples actividades, una agenda de salidas, encuentros con otras personas y frecuentaban diversos lugares, ahora se encuentran en sus casas más horas de lo habitual.
Puede generar: aburrimiento, desorganización, incremento de pensamientos negativos, falta de voluntad, sentimiento de culpa por no estar más cerca de personas queridas.
Se recomienda: generar nuevas rutinas adaptadas a la nueva realidad, flexibilizar posibilidades de vínculos, “neutralizar” las fantasías catastróficas con actividades, generar acciones nuevas que incluyan el arte, acciones lúdicas, ejercicio físico y comida saludable. Establecer horarios y cumplirlos.
3) Las parejas que acostumbraban a moverse de manera independiente y compartir algún momento del día, al estar todo el tiempo juntos pueden comenzar a notar diferentes criterios en las decisiones de la vida cotidiana, revelando las diferencias más sutiles de temperamento.
Puede generar: irritabilidad por falta de privacidad, maltrato por problemas de competencia, ansiedad por sentirse observado y evaluado por el otro. En situaciones extremas, la violencia extrema puede convertirse en situaciones de abuso.
Se recomienda: Intercambiar roles, incorporar nuevos patrones de horarios en común y momentos para cada uno, proponer temas para conversar, comprender las necesidades del otro y no anteponer las necesidades propias, logrando entendimiento y buen trato.
En los casos de violencia o abuso, aún en cuarentena, la policía y los servicios de emergencia siguen funcionando. Es importante comunicarse a la brevedad para efectuar la denuncia.
Los problemas sociales y la soledad han existido desde antes que el Coronavirus
Están surgiendo, desde distintas partes del mundo, perspectivas que invitan a reflexionar sobre las estructuras sociales preexistentes. Desde hace décadas se ha notado que el incremento del individualismo como objetivo del bienestar, ha provocado el agravamiento de conflictos en las relaciones vinculares y sociales.
La flexibilidad mental, puede ayudar a las personar a adaptarse a nuevas realidades. No se trata de volver el tiempo atrás, sino de pensar este nuevo tiempo como un desafío del cual podamos aprender algo. Generar alternativas es lo que precisamos para construir un nuevo modo de ser y de situarnos en la sociedad.
Hoy la realidad nos encuentra separados de las personas con las que interactuamos diariamente. Tal vez podamos encontrar la manera de tender nuevos puentes que posibiliten construir otras formas de vivir. Todo desafío es una nueva oportunidad.
(*)Licenciada en Psicología, especialista en trastornos de ansiedad y pánico. Prof. Titular de la Universidad Abierta Interamericana.MN:11745 y MP: 95480.

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