DEPRESION REACTIVA

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Por Marina Rovner (*)

Cómo gestionar la pandemia sin una crisis de salud mental? El otoño acarrea un aumento en el número de casos de Covid-19, precipitando los comentarios de: “¡No tengo energía!”.

¿Cómo y por qué se modificó nuestro estado de ánimo?

Durante la primer cuarentena,  generamos acciones concretas de protección a uno mismo y a los demás, incorporando protocolos y  formas de sobrellevar los miedos, angustias y ansiedades, haciendo un esfuerzo importante para evitar la depresión. Todos los sacrificios que realizamos (también para sentirnos mejor bajo las restricciones) fueron impulsados ​​por la esperanza de un resultado positivo. Por otro lado, el inicio de la vacunación brindó esperanzas  de terminar a corto plazo con la pandemia. Sin embargo, parece que el virus todavía está aquí para quedarse por algún tiempo más. 

“Cuando me encuentre mejor, lo haré”

Nuestra sociedad no suele dar mucho margen a que se haga visible la tristeza. Sin embargo, en la situación actual, muchas personas han perdido la motivación: socializar con amigos y familiares vuelve a limitarse y el tiempo libre ya no se siente tan libre. Según estudios recientes de UNICEF,  el 15% de los jóvenes en Latinoamérica y el Caribe,  está sufriendo de depresión durante la pandemia. A diferencia de la denominada endógena o convencional, la depresión reactiva se produce por una causa  externa estresante, un detonante (los contagios que no ceden) que, por acumulación y agotamiento precipitan la sensación de que la persona “ya no puede más”.

Las características principales son:

  • Dificultad para concentrarse: “Cuanto más tiempo libre tengo, más me aburro y me distraigo de la tarea”.
  • Menor rendimiento en el estudio y/o trabajo: “Parece que ahora la vida gira en torno a la responsabilidad”.
  • Pérdida de motivación: “Es como empezar a correr una maratón, cuando aún no me recupero de la anterior”.
  • Pérdida de la alegría: “Lo noto en la expresión de mi cara, el fastidio y el color pálido de mi piel”
  • Desconocimiento de la emoción: “No entiendo lo que me pasa, pero no estoy bien”.
  • Sentimiento de confusión y decepción: “Intenté hacer todo bien, ¿por qué seguimos así?”

Darlo todo por responder a las obligaciones, no ayuda a pasar el día. Cuando la vida se aleja de la sensación de diversión, liviandad y juego, las consecuencias pueden manifestarse no sólo en la salud mental, sino también a través de síntomas físicos provocando dolores y enfermedades.

 ¿Cuál es la mejor manera de transitar la segunda ola de restricciones?

La experiencia de lo vivido en la primera ola resultará útil para no repetir lo que resultó perjudicial y en cambio, implementar los recursos que funcionaron bien, haciendo los ajustes necesarios desde los siguientes ejes principales:

-Mantener un equilibrio saludable entre las obligaciones y los cuidados personales vinculados a la comida,  el buen dormir y los chequeos médicos.

-Conectarse con lo que brinda alegría, relajarse, escapar de la rutina y hacer tiempo para socializar (aunque sea virtual).

-Empezar a generar un bucle activo a través de proponerse pequeños desafíos  valorando siempre el momento particular en el uno que se encuentra: para alguien que no se levanta de la cama, hacerse el desayuno, ya es un logro importante.

Sólo el tiempo puede decir lo que nos espera. Lo bueno de todo esto, es que aquí no hay trucos: conviene no esperar a tener ganas, hay que empezar a realizarlo y luego será más probable que la energía aparezca. Si las dificultades persisten,  es recomendable no auto medicarse y acudir a un profesional especializado.

(*) Especialista en crisis de ansiedad, fobias y pánico. Licenciada en Psicología. Magíster en Comunicación y Cultura. Profesora Titular Universidad Abierta Interamericana

www.marinarovner.com

@lic.marinarovner

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